Palabras de Marcelo Di Scala durante el acto por el Décimoquinto aniversario de la promoción 1983 del CNBA

Estimadas autoridades del Colegio y de la Asociación de Ex Alumnos, estimados hermanos y hermanas en el aula y en la vida: Ante todo, ruego a la concurrencia un minuto de silencio por los camaradas fallecidos: Antonio Ragno (12 de octubre de 1992), Aníbal Sapia (24 de diciembre de 1995) y Alejandro Merlini (julio de 1997). Gracias.

Voy a evocar con la mayor pericia y amenidad posible la circunstancia que nos reúne a todos nosotros hoy: los quince años de nuestra condición de egresados del que es sin duda el mejor Colegio del país. Hace quince años comenzábamos a ser lo "ex" más grande de nuestra vida. Porque la vida, sin duda, es un proceso de devenir "ex", para bien o para mal: nuestra vida comienza siendo "ex" algo, y, justamente, termina siendo "ex" algo también. Pero hace quince años comenzábamos a ser lo "ex" de lo que podemos sentirnos más orgullosos: ser ex alumnos de este nuestro Colegio, condición en muchos casos admirada y en otros envidiada. Como sabrán, la envidia es una forma peyorativa de la admiración.

¡Cuántas pruebas, cuántas alegrías, cuántos sinsabores coetáneos debimos vivir a diario para adquirir esa condición! Todo comenzó en un lejano 1977, cuando nosotros, en ese entonces "aspirantes", retirábamos el Programa de Ingreso -en ese entonces por riguroso examen y no por rigurosísimo curso de ingreso como en la actualidad-. Después venía el "Coloquio" en el que alguna alta autoridad del Colegio analizaba las condiciones personales y familiares de los candidatos acompañados, como era natural, por sus padres, y después de varios meses de preparación, con maestros particulares o institutos privados ad hoc, venían los consabidos cuatro exámenes de Matemática, Idioma Nacional, Historia Argentina y Geografía Argentina. En el transcurso de esos exámenes conoceríamos a algunos de los que después serían nuestros profesores. Cada quien habrá tenido su caso. Si mal no recuerdo, las notas las recogimos el día del LXX aniversario del descubrimiento del petróleo en nuestro país: 13 de diciembre de 1977. Jornada sumamente feliz para los que ingresaron, y para sus padres tanto o más. El haber sacado las notas más altas tenía una distinción adicional: la facultad de elegir turno e idioma. En el acto de dicha elección, el entonces Rector repetía un ritual que se acostumbraba desde los tiempos de Juan Nielsen, quien rigiera nuestros destinos entre 1924 y 1941: la entrega del escudo que delataba nuestra condición de alumnos, utilizado en el ojal de la solapa de nuestros sacos.

Comenzaríamos a ejercer nuestra condición de alumnos varios meses después: 27 de marzo de 1978. Ese primer día fue inolvidable, sobre todo por una cosa que fuera común a todos, la reunión con el inefable Jefe del Departamento de Educación Física: don Augusto Vivod, también llamado "Megáfono", puesto que en la marcha que debíamos cumplir en homenaje a nuestro paradigma de egresado, el Gral. Dr. Don Manuel Belgrano, utilizaba un simpático megáfono para transmitir las instrucciones. Nos presentó a los que serían nuestros profesores: el a la postre temido y diminuto Borra, el corpulento Rosales y para las niñas, Osclund, si mal no recuerdo. La primera etapa del año era de natación, y la segunda, en el Campo de Deportes, o como ella denomínase a sí: Plaza de Ejercicios Físicos. Quienes no fueran bien en natación debían cumplir una segunda etapa de lo mismo, contemporánea a la del campo. En el campo, se destacaban el famosísimo "test de Cooper" y las temibles flexiones, de notable parecido a la pose del felino cuando se enoja... Aunque parezca mentira, de tanto tiempo a esta parte, muchos de nosotros fuimos a examen (en ese entonces decíamos "nos mandaban", cosa que en parte era cierto).

Aparte de las delicias antes descriptas, otros placeres de nuestra vida diaria como alumnos eran las clases de la clásica lengua latina -valga la aliteración- impartidas por un Bassets o por una Marta Royo, ambos valiosísimos latinistas, aun cuando tuvieran metodologías muy diversas; Historia Argentina, por un inefable, amenísimo y por momentos hilarante Hernández Sánchez, y en otro rincón, la en primer año terrible y en cuarto más que benévola Serra. Idioma Nacional, con un Materi o un Tur, el uno más familiar, el otro más formal. Matemática, con una Lewin o con una Fantacone; fueron más afortunados los que tuvieron a la segunda. Geografía, con una Warckmeister o con un Montes, también llamado "Paquelo".

Uno de los recuerdos más memorables de Materi: solía decir que en su quinta criaba gallinas que ponían huevos verdes. Días después, cierto alumno con inquietudes científicas, que ¿está aquí? (Barral, de la 4ª), apareció con huevos violetas, amarillos y de otros colores. Qué curioso... Recuerdo que una vez cierto alumno que ahora es fiscal dijo, en clase de Matemática, que Materi era viejo; a la próxima clase entró al aula y le mostró su cédula de identidad: ¡tenía 42 años nomás!

De Bassets recuerdo que no obstante su benevolencia con las notas, era especialmente irritable cuando se caían objetos en clase: "¡Ese objeto que se cae!". Un capítulo aparte merece el peculiar profesor de Música, Carlos Tallarico, con un muy particular criterio para calificar: los unos, en vez de promediarlos, los restaba. Su más conocida muletilla: "¡Apuntadores, no!". Su aguda voz y modales delicados recuerdan a cierto magistrado federal que se encuentra en apuros...

Inefables eran los encargados de nuestro buen comportamiento: Gil, también llamado "Cubito", que decía "estafar al Estado" cuando no sancionaba inconductas; Ovejero, que en las horas libres improvisaba clases de Caligrafía y Matemática; Peralta, con su aire algo policíaco; el prefecto Kember, cuyo color de cabellera evocaba el de Federico Barbarroja; el subprefecto Gadze, que como disco rayado decía (todos juntos ahora): "¿Por qué habla, señor, si sabe que no tiene que hablar?"; el gran... Tito Gristelli, que amenazaba con cinco días de suspensión ante la menor inconducta; el rector Maniglia, de asombroso parecido con el coronel Cañones...

Poco más leves parecían las cosas en Segundo: Matemática, con Alisievicz, cuya edad real nunca pudimos saber, que daba clases directamente por escrito en el pizarrón. A algunos menos afortunados les tocó en suerte el temible Vitola. Si hay otros más temibles o benévolos en estas asignaturas y este año, recuérdenmelo, así esto se torna más participativo. Geografía con la García (oh my God!), siempre apurada. Historia con la Carrera, quien cuando se enojaba lo hacía "hasta ayer". Idioma Nacional con la Corvatta, la López del Carril o la Mayer, llamada "Centímetro Goldwyn Mayer". Inglés con la Papagno, quien parecía un muñequito de escarbadientes... Hasta la gimnasia parecía más liviana aquel año, con Calvi, Villafranca, un Rosales menos ogro que antes... Hasta había la posibilidad de elegir deportes, e incluso había un "Grupo AFA", actividades físicas adaptadas para quienes, por diversos problemas de salud, no podían desarrollarlas normalmente. Ya el rector interino -Vicerrector a cargo interinamente del Rectorado, tal su pomposo título- era don Icas Edgardo Jorge Micillo. El profesor Maniglia había fallecido el año anterior.

Por fin llegó el temido "filtro": Tercer Año. Algunos aliviaban la carga con el retornado Materi. En latín, un originalísimo Schust, con su "Cum subit illius tristissima noctis imago..." Ya hablo, por supuesto, de los Tristes (Tristia) de Publio Ovidio Nasón. ¿Recuerdan los exámenes hechos con carbónico?

En Historia, la Montserrat, la que en el segundo bimestre fue particularmente terrible, con sus pruebas sobre el Islam y la Reconquista Española. Muy particular era su forma de aplicar la gramática castellana, con expresiones tales como "La cultura romana era muchísimo más superior" y "Vamos al microfilm" (quiso decir "microcine"). La Ferrari, ceceosa al hablar y rápida como un bólido de carreras en poner "unos". Panetta en Inglés, de buen desempeño... Paquelo, esta vez con Geografía de Europa, mostrando sus fotografías de viaje. Su observación preferida: "No se dice Rusia. Se dice URSS".

La novedad: Física, con los doctísimos en dicha materia pero muy poco versados en gramática castellana Imbrogno, cuyo modo de hablar recuerda al de Minguito, y Pérez, que fuera inmortalizado en la ADS con su "Pérez-Show". Este año muchos debieron marchar a otros rumbos... Como el Dibujo, que fue su último año, de la mano de Helios Gagliardi y el pequeño gran San Julián. Años anteriores estuvieron Gómez Cornet, quien nos invitara al homenaje a su padre, pintor de nota; la joven Bernardi, y la peculiar, pero efímera, Encarnación Seguí, para quien en la pirámide no se contaba la base...

Cuarto año trajo como novedad la Química, de la mano del "Tordo" Bonelli, con sus trabajos prácticos, sus ranitas, los "osoácidos" y las "ososales" (que se escriben "oxo"), y la Botánica, con el germánico Muhlmann y la poco templada Dalmati, a quien todos sin excepción hicimos las mil y una; la siempre terrible Matemática, con el siempre terrible Vitola, a quien se suman otros terribles también. En Latín, la Montanaro, la que ponía ceros por inconducta a los copiones... En Inglés, la Mayor, con su tonada de película norteamericana. En Geografía, la Larghi, análoga a la Monserrat, con sus frases célebres: "Las ballenas desovan en el Ártico"; "En el Canadá hay buen nivel de vida porque gracias a Dios no hay negros" (¿y Ben Johnson?). Se ponía irritable cuando alguien decía "Mar Glacial Ártico": "No se dice mar, se dice océano, porque en el Congreso tal y cual ..."

En Quinto, la Zoología, con Tonina y la Soto, esa que mandaba a leer libros que posiblemente ni ella misma entendía; la Psicología de Jaimito Plager, de maneras socráticas y aspecto parecido a Freud. Cambio de idioma: los que estaban en Inglés, a Francés... Para algunos, bis de Bonelli en Química; para otros, Braga, no precisamente Sonia... La hermana de Perciavalle en Física. Nuevo rector: el exiguo De las Carreras...

Llegamos ahora a Sexto, que casualmente coincidió con las elecciones presidenciales. Por ello se lo invitó a disertar al triple senador y ahora jefe de gobierno comunal, Dr. Fernando de la Rúa, quien fuera ovacionado... Fue año de vueltas olímpicas. Hasta entraron un auto dentro del Colegio... Recuerdo que nos hicieron pagar una cantidad en concepto de daños. La entrega de diplomas y otras distinciones vendría después, en agosto del año siguiente, con la concurrencia del Presidente de la Nación, a la sazón el Dr. Raúl Alfonsín.

Muchas cosas han cambiado en el país y en el mundo. No es del caso analizarlas aquí: muchos de nosotros son hombres de provecho, funcionarios públicos y científicos de nota, exitosos empresarios y comerciantes, todo o buena parte de ello gracias a la excelente formación e información académica que aquí se nos impartiera. Todo, desde este ya lejano punto de partida en el que empezamos a desempeñar el "ex" más importante de nuestras vidas: ser ex alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires.

Espero no haber sido demasiado tedioso con mi disertación. Muchas gracias.

Marcelo Di Scala

Mayo de 1998